Torcal, Cueva del Toro

Torcal, Cueva del Toro

El hogar del Clan de las Cuevas, custodios del culto a la Gran Madre en las Montañas Grises.

📖 La Novela

Fran Escudero nos introduce en la atmósfera mística de este laberinto de piedra caliza, donde la cotidianidad y la supervivencia se entrelazan fuertemente con los augurios divinos.

«En las alturas del Torcal corona el paisaje una colosal losa circular, suspendida en un precario y eterno equilibrio sobre un pilar de piedra. Allí Dagar tomó a su hijo por las axilas y lo alzó hasta sentarlo en el borde de la gran losa. Venciendo el miedo inicial, Erdon se incorporó y caminó hacia el centro, elevando los brazos para celebrar su logro. Era un chiquillo de corazón noble que pronto se convertiría en hombre; el orgullo se reflejaba en la mirada de su padre, que no le quitaba los ojos de encima. La sabiduría del padre se trasmitía al hijo de forma oral, creando un fuerte vínculo familiar. Erdon participaba del cuidado de los pequeños cultivos de cereales y leguminosas, mientras era adiestrado en la caza por su padre. No eran conscientes del giro que podía dar la vida en un instante. Cerca de este bastión, orientada hacia el mediodía, se abre la indómita morada del Clan de las Cuevas, la cueva del Toro. Desde su entrada se dominan con autoridad absoluta los riscos y abismos de las Montaños Grises, alzándose tras una explanada de arces y alcornoques. Esos bloques calizos grisáceos de tamaño colosal y formas caprichosas, son tan altos que superan la fronda por decenas de pasos. Aquellas moles pétreas parecen guardianes inmóviles del tiempo.»

🔍 La Historia Real

Desde el punto de vista arqueológico, la Cueva del Toro, situada en el imponente paraje natural de El Torcal de Antequera, es uno de los yacimientos más importantes para comprender el Neolítico pleno en Andalucía.

Las excavaciones científicas han documentado que este asentamiento estuvo habitado intensamente hace unos 6.000 años por comunidades que dominaban perfectamente la ganadería y la agricultura pastoril. Su ocupación fue interrumpida a consecuencia de un cataclismo acontecido en la misma época en la que se elevó el Dolmen de Menga. El abandono repentino de la Cueva de El Toro entre el 4100 y el 3700 a.C., se debió a un colapso estructural masivo provocado por el desprendimiento de las bóvedas y la caída de grandes losas de piedra sobre el espacio habitable. Las investigaciones arqueológicas asocian de forma directa la fecha del derrumbe con el cese de la ocupación. Se cree que este derrumbe fue producido por un movimiento tectónico o un colapso del sistema kárstico que forma las impresionantes estructuras de piedra del Torcal de Antequera. Este cataclismo provocó el bloqueo permanente del acceso principal, una alteración topográfica radical, formándoselo una sima de 17 meros de profundidad y ocasionando la pérdida de una gran parte del espacio habitable.

Entre los hallazgos materiales más fascinantes destacan los recipientes cerámicos decorados y la famosa Venus del Torcal. Este espacio de culto previo a la edificación de las grandes losas de los dólmenes evidencia la sacralidad preexistente del entorno de Antequera.

El Sombrerillo en el Torcal
Formación del «sombrerillo» en el Torcal, el precario equilibrio geológico real.
Minima representación de los hallazgos arqueológicos de Cueva del Toro.
Entrada a la cueva del toro
Entrada actual a la cueva del toro.
Consecuencias del seísmo
Consecuencias del cataclismo en el interior de la caverna.
Unión simbólica de la Venus del Torcal con las formaciones calizas
Unión simbólica de la Venus del Torcal con las formaciones calizas».
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